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Doble Excepción
Una foto al día durante meses. Y un problema de cientos de páginas.
Año2026
tipoFotolibro
DisciplinaFotografía aplicada al diseño
FormatoUna fotografía y un texto diarios
Reto técnicoAutomatización de la maquetación con scripts
TítuloDoble Excepción

01 · El conflicto
El proyecto nació como un registro personal: una fotografía y un texto cada día durante meses, sobre la doble excepcionalidad —ser, a la vez, alta capacidad y dificultad. Lo íntimo no era el problema. El problema era el volumen.
Cientos de imágenes y textos que debían convertirse en un fotolibro coherente. Maquetar eso a mano, página a página, no solo era inviable en tiempo: garantizaba inconsistencias. El reto de diseño se había convertido, sin avisar, en un reto de gestión y sistema.

02 · El proceso
Decidí no maquetar a mano. Definí una rejilla y un sistema de plantillas, y construí un flujo que tomara los pares de foto y texto y los volcara automáticamente sobre el documento. Aprendí lo justo de scripting para hacerlo: la meta no era programar bien, era no tener que repetir cien veces la misma colocación.
El sistema me obligó a pensar el libro como estructura antes que como páginas sueltas. Qué se repite, qué varía, dónde respira el ritmo. Diseñar las reglas fue, en realidad, diseñar el libro.
Cuando el script funcionaba, el verdadero trabajo de edición empezó: decidir qué entraba, en qué orden y con qué pausas. La automatización me devolvió el tiempo para hacer lo que ninguna máquina podía decidir.






«No basta con pedir que algo funcione; hay que saber leer por qué no funciona.»
03 · El clímax
El script fallaba con los casos límite: textos demasiado largos, imágenes de proporción rara, días sin foto. Al principio intenté parchear cada excepción a mano, justo lo que quería evitar. El sistema empezaba a costarme más que el problema que resolvía.
El giro fue dejar de tratar los fallos como errores y leerlos como información: cada caso que rompía la plantilla me decía algo sobre los límites de mi rejilla. Reescribí las reglas para que las excepciones tuvieran su propio tratamiento en vez de romper el flujo.
Ahí entendí la frase que me llevo del proyecto: no basta con pedir que algo funcione; hay que saber leer por qué no funciona. Depurar el sistema fue, también, depurar el criterio editorial.

04 · Conclusión
El fotolibro existe gracias a una decisión que no era de diseño gráfico clásico: automatizar. Estoy orgulloso de haber resuelto un problema de oficio con una herramienta que tuve que construir, y de que el resultado no parezca automático, sino editado.
Si volviera a empezar, documentaría mejor el sistema desde el principio. Improvisé las reglas sobre la marcha y eso me costó horas de depuración que un plan inicial habría ahorrado. La próxima automatización empezará por el papel, no por el código.